Operadores turísticos en México y Perú lanzaron en noviembre nuevos paquetes de alto valor que incorporan dispositivos de Realidad Aumentada (AR) para recorridos inmersivos en dos de los sitios arqueológicos más visitados del continente: Chichén Itzá y Machu Picchu. La propuesta permite a los visitantes ver, a través de un visor o tablet especial, la reconstrucción digital de los edificios en su estado original, con capas de información histórica y arqueológica superpuestas al paisaje real.
El resultado comercial es llamativo: las agencias que incorporaron la experiencia AR en su oferta lograron incrementar la tarifa de la excursión estándar en un 35 % sin resistencia significativa por parte del cliente, que percibe el producto como cualitativamente superior al recorrido convencional con guía. El precio no ahuyenta; al contrario, la exclusividad percibida refuerza la decisión de compra.
La tecnología también opera como herramienta de gestión del destino: al distribuir los grupos con dispositivos AR en circuitos diferentes al visitante estándar, los operadores reducen la congestión en los puntos de mayor afluencia y mejoran la experiencia general del sitio, un argumento que los gestores de patrimonio escuchan con creciente interés.
El modelo abre una oportunidad de negocio clara para los operadores receptivos de ambos destinos: la premiumización de la experiencia en sitio no requiere nuevas infraestructuras ni más camas —requiere tecnología y narrativa. Quien invierta en el hardware AR y en la producción de contenido histórico de calidad tiene un producto diferenciado que justifica un posicionamiento de precio muy superior al del tour estándar, y con margen para crecer a mercados que pagan por exclusividad: el segmento educativo de lujo, las familias premium y el turista cultural de alto poder adquisitivo.
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