Septiembre, el mes cumbre del avistamiento de ballenas jorobadas en el Pacífico sur: Colombia y Ecuador compiten por el turista de naturaleza

Traditional fishing boats with palm-roofed hut on the beach in Oaxaca, Mexico.

Entre julio y noviembre, las aguas del Pacífico colombiano y ecuatoriano acogen uno de los espectáculos naturales más impresionantes del planeta: la llegada de miles de ballenas jorobadas que migran desde la Antártida para aparearse y dar a luz en aguas cálidas y protegidas. Septiembre es el mes de mayor concentración del año, con avistamientos frecuentes en el Parque Nacional Natural Uramba Bahía Málaga, en Nuquí (Chocó) y en Bahía Solano, los tres destinos de referencia del Pacífico colombiano.

En Ecuador, el Parque Nacional Machalilla y su entorno marino frente a Puerto López —en la provincia de Manabí— concentran la principal oferta de avistamiento del país. Las embarcaciones salen diariamente hacia la Isla de la Plata, conocida como la «Galápagos del pobre» por su biodiversidad accesible, y los operadores locales reportan una temporada 2025 de alta demanda, con grupos internacionales que llegan especialmente desde Europa y Norteamérica.

La cifra de referencia que publica el Sistema de Parques Nacionales de Colombia habla de aproximadamente 10.000 visitantes entre nacionales y extranjeros que ingresan a las áreas protegidas del Pacífico colombiano para el avistamiento en cada temporada. Para ser honestos, el número refleja la demanda bajo las actuales limitaciones de infraestructura: la oferta aérea hacia el Pacífico colombiano sigue siendo escasa y el acceso fluvial desde Medellín o Cali añade complejidad logística que frena la masificación.

Precisamente ahí está la oportunidad. La temporada de ballenas es uno de los productos de naturaleza con mayor diferenciación en el mercado latinoamericano: experiencia emocional única, concentrada en semanas específicas, con un cliente dispuesto a pagar tarifas premium. Los operadores que dominen la logística —vuelos chárter, paquetes multidia con guías especializados y alojamiento en ecolodges— tienen ante sí un producto de nicho con demanda creciente y oferta todavía limitada. La ecuación de precios la resuelven ellos.