América Latina se está convirtiendo en el terreno de juego favorito del turismo de naturaleza premium. Colombia registró en los primeros ocho meses de 2025 la mayor cifra de turistas internacionales de la última década, con 3,1 millones de visitantes no residentes, encaminándose hacia los 6,5 millones anuales según ProColombia. Costa Rica sigue siendo el referente global del ecoturismo certificado y amplía ahora su propuesta hacia el turismo de bienestar, mientras Perú avanza hacia un nuevo récord histórico con una proyección de 4,1 millones de visitantes anuales, impulsado por el polo Machu Picchu-Cusco y el floreciente circuito amazónico.
El cambio de fondo es cualitativo: los viajeros que eligen estos destinos ya no son exclusivamente mochileros o viajeros de presupuesto ajustado. Las encuestas de comportamiento del viajero latinoamericano de 2025 revelan que el 77% de los colombianos que viajan al exterior seleccionan su destino motivados principalmente por los paisajes naturales, y que el gasto en actividades de naturaleza ha crecido de forma sostenida en los tres países durante los últimos tres años. El ecoturismo ha dejado de ser un nicho de bajo ticket para convertirse en un segmento de alta rentabilidad por cliente.
Costa Rica avanza en el turismo de bienestar como extensión natural de su liderazgo en ecoturismo: excursiones de yoga en la selva, terapias de sonido en entornos naturales y retiros de meditación en reservas privadas complementan la ya consolidada oferta de avistamiento de fauna y senderismo. El Instituto Costarricense de Turismo (ICT) identificó ese segmento como uno de los de mayor potencial de crecimiento para 2026, y varios lodges de alta gama en la Península de Osa y el Arenal reportan ocupaciones superiores al 80% incluso en temporada baja.
Para los operadores que trabajan estos destinos, la oportunidad está en los circuitos multi-país que combinen la biodiversidad de Costa Rica con las rutas arqueológicas de Perú y la oferta urbana-naturaleza de Colombia. El viajero europeo de alto poder adquisitivo que dedica tres semanas a América Latina está dispuesto a pagar entre 4.000 y 7.000 euros por itinerario, siempre que la propuesta sea coherente, el servicio en tierra esté garantizado y la huella ambiental del viaje sea gestionada con transparencia.
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