América Latina es la única región del mundo que aumenta sus viajes a Estados Unidos en 2026, según los datos que Tyler Gosnell, director de Turismo Receptivo Internacional de la U.S. Travel Association, presentó durante el Summer Summit celebrado en San Diego. El contraste es fuerte: mientras las llegadas internacionales crecieron un 4% en el mundo durante 2025, las visitas a territorio estadounidense cayeron un 5%.
Los números por mercado explican de dónde sale ese crecimiento. México acumula un alza del 13% hasta abril y Colombia un 17% hasta junio. Sudamérica en conjunto avanza un 5,5% en lo que va de 2026. Son los únicos mercados emisores que sostienen la curva mientras Europa, Asia y Canadá retroceden.
La organización atribuye el comportamiento a cuatro factores estructurales: el aumento de la clase media, una conectividad aérea amplia, los lazos familiares y de amistad con la diáspora latinoamericana en Estados Unidos y la posibilidad de combinar en un mismo viaje motivos de ocio, negocio y visita a parientes. Ninguno de ellos depende del ciclo económico de corto plazo, que es justo lo que los hace interesantes para planificar.
El cuello de botella está identificado y no es la demanda: es el visado. De los grandes emisores de la región, solo Chile participa en el Visa Waiver Program. México, Colombia, Argentina y Brasil siguen necesitando visa de turista, y la U.S. Travel Association vincula la mejora reciente en los tiempos de tramitación con el repunte de la demanda en algunos de esos mercados. Donde el consulado destrabó las citas, la reserva apareció detrás.
Ese vínculo tiene consecuencias prácticas para la venta. Un pasajero que consigue cita en tres meses compra con antelación y acepta tarifas de temporada alta; uno que la consigue en catorce meses simplemente no entra al embudo. Para las agencias que trabajan corredores hacia Miami, Orlando, Nueva York o Los Ángeles, el calendario consular pesa hoy más que el precio del boleto en la conversión de una cotización.
Hay un segundo efecto menos evidente. Si la región es la única que crece mientras el resto del mundo cae, el peso relativo del cliente latinoamericano en la cuenta de resultados de hoteles, atracciones y receptivos estadounidenses sube por descarte. Eso se traduce en material en español, tarifas negociadas y programas de fidelización orientados al mercado, herramientas que hasta hace poco se reservaban para Europa y Asia.
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