La venta de millas en Brasil queda regulada por primera vez tras la aprobación en la Cámara de Diputados del proyecto de ley 3083/26, que fija las condiciones bajo las cuales un programa de fidelización puede limitar que sus clientes vendan o transfieran los puntos acumulados. El texto salió adelante el jueves y pasa ahora al Senado.
El eje del proyecto es una clasificación en dos regímenes según exista o no un mecanismo oficial de conversión de puntos y millas en dinero. Los programas que sí ofrezcan esa liquidez conservan la facultad de restringir la reventa entre particulares. Los que no la ofrezcan pierden ese derecho: no podrán impedir que el titular venda o transfiera sus millas, ni castigarlo con bloqueo de cuenta, cancelación de boletos emitidos o suspensión de beneficios.
La contrapartida alcanza a quien comercializa puntos. Todo programa que venda millas a sus usuarios, de forma directa o indirecta, queda obligado a habilitar el mecanismo oficial de conversión en efectivo. Es decir, quien cobra por vender puntos tiene que aceptar recomprarlos.
Un tercer bloque toca la autenticación. El proyecto prohíbe que los programas sin liquidez restrinjan los derechos de comercialización a los usuarios que no completen la biometría facial exigida, y les obliga a ofrecer métodos alternativos de verificación razonables, accesibles y no discriminatorios. Ese punto responde a los bloqueos de cuentas que en los últimos años dejaron fuera de juego a titulares que se negaron a entregar datos biométricos.
Brasil es el mayor mercado de millas de América Latina, y buena parte de su emisión aérea de ocio pasa por el circuito de puntos. Alrededor de él creció un mercado secundario de plataformas que compran millas a particulares y las revenden a agencias y consolidadores para emitir boletos por debajo de la tarifa publicada. Ese circuito operaba en una zona gris: legal para el vendedor, perseguido por los términos y condiciones de los programas.
Si el Senado mantiene el texto, esa zona gris se cierra en favor del intermediario. La agencia que hoy compra millas de terceros para armar itinerarios deja de arriesgarse a que la aerolínea cancele el boleto emitido, que era el punto de fricción real del modelo. La otra cara es que los programas tendrán un precio oficial de recompra, y ese número marcará el suelo del mercado paralelo.
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