Del 1 al 10 de agosto de 2025, Medellín volvió a demostrar por qué sigue siendo el festival más fotografiado de América del Sur. La 68ª edición de la Feria de las Flores reunió a 540 silleteros en el desfile principal —2,4 kilómetros bajo el lema «Medellín te quiere, celebrando lo que somos»— y superó las 200 actividades oficiales de acceso gratuito. La edición proyectó la llegada de entre 55.000 y 60.000 visitantes internacionales durante los diez días del evento, con ingresos para la economía local estimados en más de 50 millones de dólares solo en alojamiento, gastronomía y comercio, según reportó El Espectador.
Los mercados que más reservas generaron desde el exterior fueron México, Perú, Chile, Brasil, Argentina y Ecuador —una combinación que confirma a Medellín como destino obligado del calendario cultural latinoamericano—, mientras que desde Colombia, Bogotá concentró más del 65 % de las reservas nacionales y Cali el 20 %. El aeropuerto El Dorado fue durante la primera semana de agosto el más transitado de la región, no solo por la feria sino por el efecto acumulado de un verano colombiano que este año rompió todos los registros de demanda hacia Medellín.
La edición 2025 incorporó una apuesta mayor por el turismo rural y experiencial en los municipios del Área Metropolitana. Guatapé —con su peñón icónico, sus coloridas fachadas y las actividades acuáticas en el embalse— emergió como el complemento natural de los días pre o posferia, una extensión de dos a tres noches que los operadores receptivos de Antioquia llevan años intentando posicionar como circuito. En 2025, ese producto parece haber encontrado al fin su masa crítica: los paquetes combinados Feria de las Flores + Guatapé registraron crecimientos notablemente superiores a los de la ciudad sola.
Para las agencias que trabajan Colombia como destino de grupos culturales —segmento de alto gasto, alta fidelización y alta prescripción—, la primera semana de agosto tiene ahora un producto concreto que justifica el embarque desde cualquier capital de la región. La clave del packaging está en combinar la feria con el Jardín Botánico, el metro-cable, dos noches en Guatapé y una última mañana en el Museo de Antioquia: siete noches de itinerario que se construyen casi solas y que difícilmente necesitan descuento para cerrarse.






