El turismo gastronómico en Jamaica dejó de ser un atractivo secundario para convertirse en una de las palancas centrales de la estrategia turística de la isla. Así quedó planteado en el segundo Foro de Turismo Gastronómico, celebrado en el Courtleigh Auditorium de Kingston bajo el lema Reimaginando la industria gastronómica de Jamaica, donde representantes del sector público y privado situaron la cocina local como pieza clave del plan de crecimiento más ambicioso del país.
Ese plan tiene nombre y números: la visión 10x10x10, presentada por el ministro de Turismo, Edmund Bartlett, que aspira a alcanzar 10 millones de visitantes y generar 10.000 millones de dólares en ingresos turísticos en el plazo de una década. Dentro de esa hoja de ruta, enmarcada en la estrategia denominada Turismo 3.0 y orientada a la inmersión cultural, la propuesta culinaria pasa a ocupar un lugar protagónico.
El director de Turismo, Donovan White, fue claro ante los delegados: la comida se ha vuelto una de las principales razones por las que el viajero elige Jamaica. Platos de proyección global como el jerk chicken, el curried goat o el ackee con bacalao ya no funcionan como un mero acompañamiento de la estadía, sino como un motor real de reservas directas y de flujo de visitantes hacia la isla.
El giro tiene lógica de mercado. En un Caribe donde el producto de sol y playa tiende a homogeneizarse y a competir por precio, la identidad gastronómica es uno de los pocos activos difíciles de copiar: nadie más puede ofrecer la cocina jamaicana con autenticidad. Convertirla en eje de la promoción permite diferenciar el destino, alargar la estadía y capturar gasto que hoy se escapa fuera del resort.
Para el profesional de la región, la apuesta jamaicana ofrece una pista replicable. Empaquetar experiencias culinarias —rutas de mercados, clases de cocina, encuentros con productores locales— y comercializarlas como producto propio, y no como un extra del paquete, abre una vía de ingresos con alto margen y fuerte componente de relato. Bartlett, por su parte, se mostró optimista en que las llegadas recuperen entre el 95% y el 98% de los niveles previos a la última temporada de tormentas antes de fin de año.
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