El turismo de lujo en Colombia tiene el público dentro del país y todavía poca oferta empaquetada para él. Más de la mitad de los visitantes extranjeros que recibe Colombia pertenece a los grupos de edad que concentran el gasto del segmento premium: el 33% tiene entre 41 y 60 años, el rango de mayor participación en el mercado global de lujo, y el 21% está entre los 21 y los 30, el tramo con más potencial de crecimiento hacia 2033. Los datos, de Migración Colombia, los divulgó la Asociación Colombiana de Agencias de Viajes y Turismo el 30 de julio.
El tamaño del mercado justifica la lectura. El turismo de lujo movió 1,59 billones de dólares en 2025 y crecerá a un ritmo anual del 8,5% hasta 2033, según el análisis de Grand View Research. La guía de tendencias de lujo de Virtuoso aporta el matiz del canal: el 45% de los asesores consultados registró un aumento de los viajes de ultralujo y el 55% prevé un incremento moderado del gasto por viaje durante 2026.
Paula Cortés Calle, presidenta ejecutiva de ANATO, situó la oportunidad en el producto: Colombia «tiene potencial en este segmento, por contar con condiciones para responder a esta tendencia a través de productos de naturaleza, cultura y gastronomía, así como diferentes alojamientos, tours privados y experiencias» con productores, artesanos y guías locales.
El gremio subraya el papel de la intermediación, y no por corporativismo: el viajero de alto gasto no compra un destino, compra un itinerario resuelto. Entender la expectativa del cliente, diseñar la ruta a medida, coordinar proveedores y responder por la calidad y la seguridad del servicio es exactamente lo que no se automatiza en una pantalla de reservas.
La distancia entre el dato y el negocio está en la formación y en el inventario. Un cliente de 41 a 60 años con capacidad de gasto no se conforma con un city tour compartido en Cartagena; pide la finca cafetera con el productor, el chef privado en Barichara, el guía de aviturismo en el Valle del Cauca. Las agencias que ya armaron ese catálogo cobran por diseño; las que siguen vendiendo el mismo paquete de siempre compiten por precio contra una OTA.
Con la tasa de cambio presionando los márgenes del receptivo colombiano, subir el ticket promedio deja de ser una ambición de catálogo y pasa a ser una defensa de la rentabilidad.
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